Es común en nuestra sociedad recurrir a préstamos, créditos o tarjetas revolving cuando no poseemos el dinero que necesitamos en el momento para realizar un pago. El problema se da, normalmente, cuando no se puede hacer frente tampoco a los pagos de estas entidades, y se comienza un círculo vicioso que desemboca en estrés, ansiedad y necesidad de ayuda externa para poder solucionarlo. 

Un préstamo es una cantidad de dinero que una entidad bancaria pone a nuestra disposición con la finalidad de contribuir a financiar nuestros gastos. Esto implica que quien lo recibe tendrá que pagar mensualmente en cuotas para liquidar este acuerdo con la entidad. Por su parte, un crédito es una forma de financiación más flexible que permite acceder a la cantidad de dinero prestada según las necesidades de cada momento, de acuerdo con un límite establecido por la entidad bancaria o financiera. La principal diferencia entre ambos métodos es que en el crédito se vuelve a tener disponible la cantidad que se ha ido pagando, esto crea la falsa sensación de disponer siempre de dinero.

Aunque parecen opciones muy atractivas, en situaciones donde la liquidez económica es débil o inexistente, estas alternativas de pago no solventarán los problemas que se puedan tener. Esto se debe a que será un pago más que se irá acumulando mensualmente a los que ya tenemos, además de que cuantos más meses se pidan para pagar el préstamo o crédito, más intereses se irán sumando. 

Es necesario que la persona que vaya a contratar este tipo de productos financieros sepa que requiere devolverlo siempre y que, con el aumento de las tasas de intereses derivado de las crisis económicas que se están viviendo actualmente, los propios intereses volverán el préstamo mucho más caro de lo que era originalmente. Por ejemplo, un préstamo de 13.000 euros, aumenta un total de 5126,22 euros en intereses, por lo que realmente se acaba pagando un importe total de 18.126,28. En esta cifra total, además, se incluyen todos los gastos de gestión del préstamo. Si en algún mes no se puede realizar el pago y se requiere de un retraso, también se aumentarán los intereses y los gastos derivados del mismo. En definitiva, contratar este tipo de producto financiero requiere tener una estabilidad para realizar los pagos que raramente tienen las personas que lo piden.

El mayor inconveniente de los préstamos y créditos es que en la mayoría de ocasiones generan más deudas que se gestionan con otros créditos o préstamos, ocasionando este círculo vicioso que mencionamos antes. Este recurso hay que emplearlo con mucho cuidado, leyendo toda la documentación y las condiciones, buscándolo con una entidad financiera de confianza y sabiendo que dispondremos de soporte económico en el tiempo que debamos realizar los pagos. 

El objetivo de la Ley de Segunda Oportunidad es cancelar tu deuda, adaptándose a tus condiciones y necesidades. Por esto es recomendable que acudas a Canarias Sin Deuda a una primera cita gratuita para que nuestros abogados puedan asesorarte antes de comenzar cualquier procedimiento. Este método podrá liquidar el problema financiero en su totalidad, eliminando también los intereses y embargos derivados de la deuda. 

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